Amena y Jazztel (aunque esta última tiene el descaro de negarlo) han anunciado recientemente el despido de la mayor parte de su plantilla de teleoperadores de sus respectivos SAT en España.
En el caso de Jazztel, era algo que se veía venir ya que necesitar recortar gastos a marchas forzadas porque las pérdidas de la compañía no paran de crecer. Hay más información en la página de Comfia. En el caso de Amena, también está claro que los nuevos dueños franceses quieren reducir costes como sea.
¿Es algo realmente nuevo? No, Telefónica tiene parte de sus servicios de atención telefónica (11818, 1003, etc.) localizados en Tánger y Tetúan, en Marruecos. Posiblemente muchos no se hayan dado cuenta de que las personas que le atienden tienen un acento andaluz un tanto extraño.
En teoría es una buena forma de que salgan adelante muchas familias de países en desarrollo o que acaban de salir de una crisis económica como Marruecos y Argentina. El problema, a parte del despido de los trabajadores en España (esperemos que se recoloquen pronto) es la pésima imagen que debería dá la compañía que deslocaliza, ya sea Telefónica, Jazztel o Amena. Digo debería, porque realmente lo ocultan, bien porque poseen directamente los medios de comunicación (prensa, televisión, radio) o bien porque los financian directamente a través de la publicidad, estas noticias no suelen llegar a la gente, es decir, a los clientes.
La imagen por la que tanto se preocupan estas compañías que invierten millones de euros en anuncios de televisión, prensa, patrocinios de equipos deportivos, etc. se iría al garete como se fue a la mierda en el 2001 la imagen de Telefonica en el conflicto de Sintel, con imágenes a diario en la televisión de los trabajadores acampados en el paseo de Castellana de Madrid.